SALDA DAGO!

LA NUEVA VERBENA o sobre festivales y macroconciertos

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Con la disculpa de la gresca montada por la asistencia masiva al concierto de Bruce Springsteen, recuperamos este artículo escrito en Marzo de 2014 sobre el festivaleo y la verbena.

El mes pasado veníamos buscando bronca y lo conseguimos. Bronca de la buena, la que se monta con pistolas de agua y martillos de esos que hacen “wiki-wiki” al golpearlos. Hablábamos sobre el circuito musical y lo difícill que son las cosas para el pequeño promotor y las bandas menos conocidas. Al compartir el artículo en redes, hubo bastante feedback, se puede decir que también os gusta la gresca filosofal, se nota que sois mucho de bares.

Pues bien, otro tema candente en estas fechas del año son los carteles festivaleros. Poco a poco, quien más quien menos, nos va enseñando sus cartas y soltando nombres de bandas. La gran sorpresa es que, en el Estado, son siempre los mismos grupos. En NOIZ tenemos un buen amigo que ha acuñado el término “Nueva Verbena” para referirse al fenómeno de los festivales.  
Un mal que se ha adueñado del espíritu festivalero y los ha convertido en un sitio en que el la masa va a escuchar las mismas canciones, corear el hit aprendido y, mientras, vaciar katxis y ver si se pilla. Poco a favor de los programadores dice que las mismas cinco bandas toquen todos los años en todos los festivales, pero esto ya era así en las verbenas: grupos de versiones tocaban canciones populares mientras el público se emborrachaba y hacía lo suyo para acabar dándose un revolcón en alguna campa aledaña.

Pues así estamos. La semana pasada nos pusimos nostálgicos y revisitamos el cartel del FIB del 98 y casi se nos cae una lagrimilla. Cualquiera de las 24 bandas del escenario principal serían ahora un cabeza de cartel por el que mataría el festival medio español y ninguna de ellas hacían música de celebración precisamente. Que esa es otra, o se puede botar y berrear como cabras o no lo quiero. Porque, querida audiencia, aquí hay palos para todos. Como siempre, el poder está en nuestra tarjeta de crédito. Si nosotros avalamos con nuestra compra el ticket de un festival, no podemos quejarnos de la programación. Una vez más, os pedimos  mente abierta y os proponemos un ejercicio. Coged ese cartel de lo que era Benicàssim e id escuchando grupo a grupo, quizá hasta os hayamos hecho un favor.

Y añadimos, en mayo de 2016, que el macro-evento está fagocitando las iniciativas pequeñas. No vamos a tomar un discurso derrotista. Miramos a nuestro alrededor y vemos salud, buenas bandas, promotores interesantes y una programación inabarcable por cualquier persona con su vida y agenda limitada por muchos factores (trabajo, dinero, salud...). Lo que sí queremos es prestar un poco de atención a los conciertos durante todo el año y dejar de estar tan pendiente de si pillas abono gratis para el festival.

 

 

 

 

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